PRÓLOGO PARA LA EDICIÓN CASTELLANA – Sal de tu Mente
Lección 1, Tema 1
En Progreso

PRÓLOGO PARA LA EDICIÓN CASTELLANA

Juanjo 26/02/2024

Hacia 1912, cuando publica su “Teoría del psicoanálisis”, puede advertirse su concepción energética de la líbido. La líbido de Jung no es más sinónimo de la líbido de Freud, “líbido sexualis” por donde se la mire. Jung fija límites a este concepto desmesurado:

“Líbido no debe ser otra cosa sino un nombre para aquella energía que se manifiesta en el principio de la vida, y que nosotros percibimos subjetivamente como un afán y un deseo”.

Jung ha desexualizado la líbido freudiana. El “primus movens” es, para Jung, la energía psíquica cuyos disfraces son los instintos. El conflicto que sufre el neurótico no es más un sufrir de reminiscencias sino un verdadero desequilibrio dinámico, provocado por un conflicto actual, entre complejos que buscan la armonía, la pacífica convivencia. Vivir es poner paz en conflictos surgidos entre fuerzas conscientes e inconscientes, entre polos opuestos de una personalidad, entre rivales que tienden a separarse en direcciones contrarias. Estas fuerzas primordiales de la psiquis se corporizan en las imágenes ancestrales, vivencias míticas, prototípicas experiencias de la especie. Son los “arquetipos”. Ellos representan los profundos agonistas de nuestra vida inconsciente, entes perennes que presiden nuestra vida de razón desde sus abismos subterráneos.

Jung se preocupa de vincular las imágenes y símbolos que aparecen en el sueño, motivaciones aparentemente individuales, con las estructuras profundas, los moldes ancestrales, tal cual aparecen en los mitos de los pueblos primitivos, se trate de los incas o de los vedas, de los chinos o de los aztecas. Esta idea es la del “inconsciente colectivo”.

Los complejos cuentan con una ascendencia muchísimo más antigua de lo que hacía presumir el psicoanálisis ortodoxo: son las vivencias últimas, las protovivencias de la humanidad, “los traumas ancestrales”. Reintegrar la salud a un neurótico es devolver a su yo individual la armonía y el equilibrio con esos antiguos “arquetipos”; es retornar a la actitud religiosa del que se reconoce parte de un todo, “membra sumus corporis magna”; es la manifestación de que una conciencia individual rinde pleitesía a la potencia intemporal de lo inconsciente.

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